viernes, 16 de abril de 2010

Lectio Divina en Comunidad

FRATERNIDAD SAN ANTONIO DE PADUA
TERCERA APARICIÓN DEL SEÑOR RESUCITADO
Lectio Divina en comunidad
Juan 21, 1-19

El relato de la tercera aparición del Señor Resucitado, corresponde al epílogo del Cuarto Evangelio. Este acontecimiento literalmente pos-pascual, ocurre en el lago de Tiberíades, el cual corresponde en Lucas al comienzo del ministerio de Jesús Lc, 5,10 y se funde con el relato de una comida pos-pascual de Lc 24,41-43. Éste relato forma una unidad literaria hasta el versículo 23, pues los diálogos y acontecimientos se enmarcan en un mismo escenario espacio temporal. Los versículos 24-25 corresponden a la segunda conclusión del evangelio.

Dentro de esta unidad literaria, encontramos en un primer momento a los discípulos, que salen en la noche con Pedro a pescar y retornan al amanecer con las redes vacías. En un segundo momento, enmarcado por el amanecer, se desarrolla el encuentro con el Señor, el reconocimiento por el Discípulo Amado y el compartir la comida preparada por el Maestro. Luego se desarrolla el dialogo del Señor con Pedro, en cual se da la triple confesión de fe del apóstol, quizá a manera de corrección de la triple negación en el capítulo 18; también relatada en los sinópticos. Concluye con el llamado al seguimiento. El ejercicio fraterno de la Lectio Divina, enriquece la vida de la comunidad y acrecienta los vínculos entre los hermanos, quienes son alimentados por la Palabra, leída, meditada, orada y compartida.

El texto del Tercer Domingo de Pascua, suscitó en nuestra fraternidad pluralidad de reflexiones, en el fondo de las cuales se siente el llamado para que hagamos del Señor Resucitado el centro de nuestra vida, pues de esta forma, todo adquirirá verdadero sentido.

El momento de la noche, en el cual se pesca nada, es signo de desanimo, y desaliento. Echar las redes a la derecha es comenzar el seguimiento del Señor, lo cual nos da el paso al amanecer, salir de la oscuridad y entrar en la luz nos trae alegría, esperanza y celebración. En ese estado de noche, de oscuridad, donde no se es luz, la esperanza está en Jesús quien nos da la posibilidad de salir de ella. Debemos dejarnos encontrar por el Señor quien direccionará nuestra vida. Por eso es necesario tener presente, que para llegar al amanecer se debe pasar por la noche, para resucitar se debe asumir la cruz. No debemos abandonar nunca el seguimiento del Señor, aún en la oscuridad de la noche.

Sabemos, que en medio de la incredulidad, fragilidad y miedos, se muestra la constancia del Señor, quien siempre anima nuestro seguimiento hasta el final y nos llama a la perseverancia en su proyecto. ÉL continuamente ratifica nuestro llamado inicial y, como lo hace con Pedro, nos invita a dar testimonio de su reinado. Hoy resuena en nuestra fraternidad un llamado a preguntarnos “¿Qué estamos haciendo con nuestra vida, con nuestro camino de fe? No podemos dejar el seguimiento de Cristo, aún cuando parece que nuestra llama se está apagando.

En cuanto al hecho de la pesca, es necesario tener presente que ‘la vaciedad de las redes, corresponde al momento en que los discípulos están sin Jesús, lo cual cambia cuando se hace presente. Por eso en la fraternidad, todo se debe hacer con Jesús. Sin él nuestro actuar será vacio, carecerá de sentido’. Jesús Resucitado da abundancia y sentido a nuestra vida, como lo hizo con la abundancia de peces, por eso debemos confiar en el Señor, abandonarnos en él. También la pesca es el signo de los hombres que los apóstoles con el anuncio del Evangelio iban llevando hacia Cristo Resucitado.

El relato del evangelio, nos presenta hoy a Pedro como ‘tipo de cristiano’, en el cual hay momento buenos ‘la triple profesión de amor’ y, menos buenos ‘la triple negación’. Pedro es un hombre que a pesar de negar al Señor y luego confesarlo, confirma su fe y sabe que tiene que ir hasta las últimas consecuencias. Su vida en presencia del Señor llega al culmen, confirma ese amor profesado entregando su vida por el anuncio del Evangelio.
Hoy la Palabra de Dios nos invita a reflexionar en la forma como hemos vivido el acontecimiento pascual de Cristo, ver hacia atrás y darnos cuenta la forma como hemos madurado y crecido en la fe. Debemos ser conscientes, no se cambia por arte de magia, todo depende de la manera que viva la realidad de encuentro con el Señor.

Concluimos nuestra reflexión fraterna de la Palabra de Dios, evocando al AMOR; ‘el texto nos dice que el discípulo amado es quien reconoce al Señor, ese discípulo es el mismo amor; pues solo el amor tiene la capacidad de reconocer a Jesús como el Maestro e ir hacia él. Sólo el amor nos capacita para rectificar nuestros errores como lo ha hecho Pedro’.

Señor, somos conscientes del continuo llamado que nos haces a permanecer firmes en tu seguimiento, sabemos que no nos dejas solos y que nuestra vida carece de sentido cuando no estás con nosotros.
También sabemos, que eres exigente, pero tu yugo es llevadero y, deseamos permanecer firmes en tu amor. Tú, no pides nada que no nos hayas dado antes, sabemos que nos capacitas para amar, para reconocerte en nuestros hermanos y para ver tus huellas en todo lo creado. Por eso hoy rendimos a tus pies nuestra vida. Por intercesión de María nuestra madre, danos fe, esperanza y caridad para que cumplamos tu santo y veraz mandamiento. Amén.