Salve, Señora, santa Reina,
santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el
santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y
el Espíritu Santo Paráclito.
Al recorrer cada
una de las palabras que Francisco expresa, en el saludo a la Bienaventurada
Virgen María, suscita en el lector una gran admiración, ya que en éste Saludo, se puede
contemplar también la grandeza de Dios, cuando el hombre se deja tocar por Él.
Ahora bien, hablar
de la devoción de Francisco a la Virgen es tema muy osado, pues tendríamos que
estar en la mente de Francisco para saberlo; pero no podemos desconocer que el
Saludo a la Virgen, deja entrever sus sentimientos. Por eso veamos un
acercamiento a la devoción del santo de Asís, a quien, llevó en su seno al Salvador del mundo.
Recorrer el diario de san Francisco, plasmado en sus escritos, es un lindo viaje que
nos sumerge en una gran experiencia Mariana del santo, por que no solo es el Saludo
a la Bienaventurada virgen, nos habla de ella, también, la segunda
carta a los fieles, la carta a toda la Orden, la paráfrasis del Padre nuestro, entre otras; huellas, que revelan el amor del pequeño de
Asís, hacia la noble doncella de Nazaret. Se nota, que hay una notable devoción a la Virgen, ahora bien,
lo interesante de esto, es que la devoción de Francisco a María, no era
producto de lecturas marianas, o novenas, cómo nos sucede a muchos de
nosotros, su devoción, es fruto de la misma
experiencia de oración sobre el misterio de María, y claro está, del puesto otorgado por Dios Padre a esta notable e importante mujer de la historia de
la Salvación. Una gran enseñanza para nosotros hijos de San Francisco, que
pensamos que devoción es multiplicar oraciones o novenas, cuando el mismo
Seráfico Padre nos muestra que devoción es compenetrarse con aquella que se ha
dejado llenar de Dios. ¡La sombra del Altísimo te Cubrirá¡
Hablar de la Virgen María, en el pensamiento del Seráfico Padre San
Francisco nos mueve a adentrarnos a este sentimiento, a no dejar de lado, al
Dios padre, Hijo y Espíritu Santo, pues no podemos entender el amor y la
devoción Mariana de Francisco, si ésta no está empapada del misterio trinitario Divino. Para ello
Francisco en sus escritos nos deja una huella imborrable de su devoción
Mariana, acompañada y vivenciada bajo la sombra de la Trinidad. Es así que
ratificando este matrimonio Divino, en el oficio de la Pasión, toma como antífona, aquellas bellas palabras: “Santa
Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a
ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro
santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros,
junto con el arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo y con los
santos, ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro.”
No cabe duda, que las virtudes
que Francisco expresa a esta gran Mujer, nacen de su encuentro personal con
Dios, ese mismo Dios que se fijó en María y la hizo su morada. Por ello y sin
dejar espacio a la duda, quiero afirmar,
que es desde el reconocimiento de la grandeza de Dios que Francisco comprende
el trabajo de María dentro de la Iglesia, es decir su Iglesia, nuestra Iglesia.
Por eso impacta mucho en Francisco las actitudes de María, como, Hija y esclava
de Dios; mujer que supo ser fiel a
la Palabra, mujer dócil a la voluntad de Dios; son esas
actitudes de María, las que le enseña a Francisco a ser hijo y esclavo por
el Evangelio. Por ello, Francisco no
duda que ese mismo Dios, que le ha invadido toda su vida, es el que a elegido y consagrado a María siempre Virgen, convirtiéndola en palacio, tabernáculo, casa,
vestidura, esclava y Madre de Dios. Expresiones que deslumbran a simple vista,
pero más allá de la expresión, están las palabras que salen del corazón y que
solo una persona enamorada puede llegar a expresar. El padre Francisco así lo vivió,
y hoy nos lo regala para que mostros sus hijos también lo hagamos.

La gran herencia que nos ha dejado el Padre Francisco en estos elegíos a
María, resaltan las características más
bellas con las que nosotros los Franciscanos y todos los cristianos debemos reconocer a esta noble mujer; pues decir esclava o sierva es
descubrir en ella, a la pobrecilla que supo ser pequeñuela ante los ojos de
Dios y que amo la santa pobreza que tanto ella con su amado hijo Jesús
compartieron sin temor; y, al llamarla Madre de Dios, contempla en ella la
grandeza y gracia que ninguna otra mujer a logrado alcanzar.
Queridos hermanos, estas pequeñas palabras
expuestas, nos tienen que permitir ver, cómo la vida de Francisco estaba
muy ligada a la madre de Dios, ya que su fe y la profundidad de ella, la
reflejaba en los elegíos a María, pues por
medio de Ella, el Hijo de Dios recibió la carne verdadera de nuestra
Humanidad. No cabe duda, que Francisco fue un hombre que se sintió protegido por los brazos de María. Que
nosotros sus hijos, también sintamos ese amor, que sea este tiempo de gracia de
la Iglesia, el Mes de Mayo dedicado a María, la oportunidad para vivir,
experimentar y manifestar como Francisco el gran amor de La Virgen María. Que
nuestro corazón se llene de amor por la Virgen Madre, y que nuestros labios no
se cansen de decir: Madre mía María, eres la palabra más bella que como hijo de San
Francisco, hoy te puedo decir. Virgen Inmaculada, Ruega por Nosotros. Amen.
Fray Otoniel Salcedo Barrios OFMConv.