jueves, 17 de mayo de 2012

¿POR QUÉ LA INMACULADA ES PATRONA DE LA ORDEN FRANCISCANA?

El amor por la Santísima Virgen María ha sido una caracterísitica que ha distinguido a lo largo de los siglos a la Familia Franciscana. Este amor tiene su origen en Nuestro Seráfico Padre Francisco quien cultivó una profunda devoción por la Madre de Dios, constituyendola como Abogada de lo que en aquél momento era la naciente Orden. San Buenaventura uno de los primeros biógrafos del Santo, en uno de sus textos hace referencia a este hecho diciendo: "Después de Cristo, el Bienaventurado Francisco ponía en ella (Es decir en la Virgen María) su confianza, y por eso la hizo abogada suya y de los suyos" (L.Mayor, IX,3).

Pocos años después de la Muerte del Proverello en 1226, el amor mariano que como una llama él había encendido entre sus hermanos, comienza a dar sus primeros frutos. Es así como poco a poco los hermanos fueron asumiendo como propia la defensa de la Santidad original de María desde el momento de su concepción, que todavía no estaba lo sufientemente clarificada en términos teológicos. En este contexto los grandes intelectuales de la Orden, tales como Guillermo de Ware, Pedro Aureólo y especialmente el Beato Juan Duns Escoto desarrollaron los elementos doctrinales que sirvieron de fundamento para la proclamación del dogma de la Inmaculada Concepción de María con la encíclica Ineffabilis Deus del papa Pío IX el 8 de diciembre de 1854.

 El esfuerzo teológico fue acompañado además por un filial culto a la Madre de Dios. Es así como desde 1263 en el capítulo general de Pisa es instituida la fiesta de la Inmaculada Concepción para toda la Orden. Esta fiesta fue luego extendida a toda la Iglesia en el siglo XV durante el papado de Sixto IV, papa Franciscano Conventual. La Orden Franciscana además ha dado grandes frutos de Santidad que se han distinguido por un profundo amor por la Virgen Pura, tales como el Beato Juan Duns Escoto a quien ya hemos mencionado, la Beata Ángela de Foligno, San José de Cuertino, Santa Beatríz de Silva, San Francisco Antonio Fassani y San Maximiliano Kolbe, fundador de la Milicia de la Inmaculada y quien es el gran exponente moderno del amor filial a la Madre de Dios.

Para complementar este corto artículo recomendamos las siguientes links:
http://www.fratefrancesco.org/esp/7.htm Carta de Ministro General
http://www.fratefrancesco.org/esp/7.htm Juan Duns Escoto y la Inmaculada
http://www.fratefrancesco.org/esp/7.htm María en la tradición y el pensamiento franciscanos
http://www.degelo.com/sevilla/sev36.htm Relatos de las luchas inmaculista en España.

(Enviado por un lector del blog.)

martes, 1 de mayo de 2012

ACERCAMIENTO A LA DEVOCION MARIANA EN FRANCISCO DE ASIS

Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito.

Al recorrer cada una de las palabras que Francisco expresa, en el saludo a la Bienaventurada Virgen María, suscita en el lector una gran admiración,  ya que en éste Saludo, se puede contemplar también la grandeza de Dios, cuando el hombre se deja tocar por Él.

Ahora bien, hablar de la devoción de Francisco a la Virgen es tema muy osado, pues tendríamos que estar en la mente de Francisco para saberlo; pero no podemos desconocer que el Saludo a la Virgen, deja entrever sus sentimientos. Por eso veamos un acercamiento a la devoción del santo de Asís, a quien, llevó en su seno al Salvador del mundo.

 Recorrer el diario de san Francisco,  plasmado en sus escritos, es un lindo viaje que nos sumerge en una gran experiencia Mariana del santo, por que no solo es el Saludo a la Bienaventurada virgen, nos habla de ella, también, la segunda carta a los fieles, la carta a toda la Orden,  la paráfrasis del Padre nuestro, entre otras;  huellas, que revelan el amor del pequeño de Asís, hacia la noble doncella de Nazaret.  Se nota, que hay  una notable devoción a la Virgen, ahora bien, lo interesante de esto, es que la devoción de Francisco a María,   no era producto de lecturas marianas, o novenas, cómo nos sucede a muchos de nosotros,  su devoción, es fruto de la misma experiencia de oración sobre el misterio de María, y claro está,  del puesto otorgado por Dios Padre a esta  notable e importante mujer de la historia de la Salvación. Una gran enseñanza para nosotros hijos de San Francisco, que pensamos que devoción es multiplicar oraciones o novenas, cuando el mismo Seráfico Padre nos muestra que devoción es compenetrarse con aquella que se ha dejado llenar de Dios. ¡La sombra del Altísimo te Cubrirá¡  

Hablar de la Virgen María, en el pensamiento del Seráfico Padre San Francisco nos mueve a adentrarnos a este sentimiento, a no dejar de lado, al Dios padre, Hijo y Espíritu Santo,  pues no  podemos entender el amor y la devoción Mariana de Francisco, si ésta no está empapada del  misterio trinitario Divino. Para ello Francisco en sus escritos nos deja una huella imborrable de su devoción Mariana, acompañada y vivenciada bajo la sombra de la Trinidad. Es así que ratificando este matrimonio Divino, en el oficio de la Pasión, toma como antífona, aquellas bellas palabras: “Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo entre las mujeres ninguna semejante a ti, hija y esclava del altísimo Rey sumo y Padre celestial, madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, esposa del Espíritu Santo: ruega por nosotros, junto con el arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo y con los santos, ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro.”  

No cabe duda, que  las virtudes que Francisco expresa a esta gran Mujer, nacen de su encuentro personal con Dios, ese mismo Dios que se fijó en María y la hizo su morada. Por ello y sin dejar espacio a la duda,  quiero afirmar, que es desde el reconocimiento de la grandeza de Dios que Francisco comprende el trabajo de María dentro de la Iglesia, es decir su Iglesia, nuestra Iglesia. Por eso impacta mucho en Francisco las actitudes de María, como, Hija y esclava de Dios; mujer  que supo ser fiel a la  Palabra, mujer  dócil a la voluntad de Dios; son esas actitudes de María, las que   le enseña a Francisco a ser hijo y esclavo por el Evangelio. Por ello,  Francisco no duda que ese mismo Dios, que le ha invadido toda su vida,  es el que a elegido y consagrado  a María siempre Virgen,  convirtiéndola en palacio, tabernáculo, casa, vestidura, esclava y Madre de Dios. Expresiones que deslumbran a simple vista, pero más allá de la expresión, están las palabras que salen del corazón y que solo una persona enamorada puede llegar a expresar. El padre Francisco así lo vivió, y hoy nos lo regala para que mostros sus hijos también lo hagamos.  

La gran herencia que nos ha dejado el Padre Francisco en estos elegíos a María,  resaltan las características más bellas con las que nosotros los Franciscanos y todos los cristianos  debemos reconocer a  esta noble mujer; pues decir esclava o sierva es descubrir en ella, a la pobrecilla que supo ser pequeñuela ante los ojos de Dios y que amo la santa pobreza que tanto ella con su amado hijo Jesús compartieron sin temor; y, al llamarla Madre de Dios, contempla en ella la grandeza y gracia que ninguna otra mujer a logrado alcanzar. 

Queridos hermanos, estas  pequeñas palabras  expuestas, nos tienen  que permitir ver, cómo la vida de Francisco estaba muy ligada a la madre de Dios, ya que su fe y la profundidad de ella, la reflejaba en los elegíos a María, pues por  medio de Ella, el Hijo de Dios recibió la carne verdadera de nuestra Humanidad. No cabe duda, que Francisco fue un hombre que se sintió  protegido por los brazos de María. Que nosotros sus hijos, también sintamos ese amor, que sea este tiempo de gracia de la Iglesia, el Mes de Mayo dedicado a María, la oportunidad para vivir, experimentar y manifestar como Francisco el gran amor de La Virgen María. Que nuestro corazón se llene de amor por la Virgen Madre, y que nuestros labios no se cansen de decir: Madre mía María, eres la palabra más bella que como hijo de San Francisco, hoy te puedo decir. Virgen Inmaculada, Ruega por Nosotros. Amen.  

Fray Otoniel Salcedo Barrios OFMConv.

sábado, 21 de enero de 2012

¡En el nombre del Señor! Comienza la forma de vida de las Hermanas Pobres!

La forma de vida de la Orden de las Hermanas Pobres, forma que el bienaventurado Francisco instituyó, es ésta: guardar el santo Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, viviendo en obediencia, sin propio y en castidad. Clara, indigna sierva de Cristo y plantita del muy bienaventurado padre Francisco, promete obediencia y reverencia al señor papa Inocencio y a sus sucesores canónicamente elegidos y a la Iglesia Romana. Y así como al principio de su conversión, junto con sus hermanas, prometió obediencia al bienaventurado Francisco, así promete guardar inviolablemente esa misma obediencia a sus sucesores. Y las otras hermanas estén obligadas a obedecer siempre a los sucesores del bienaventurado Francisco y a la hermana Clara y a las demás abadesas canónicamente elegidas que la sucedan.

miércoles, 28 de septiembre de 2011

SAN FRANCISCO DE ASÍS: VARÓN EVANGÉLICO

Su tiempo:
A Finales del siglo XII y comienzos del siglo XIII, la cristiandad de occidente alcanzó un grandioso esplendor. La Iglesia constituida en poderosa institución política y económicamente dominante, con el pontificado de Inocencio III, consolidó la doctrina de la plena potestad (plenitudo potestatis), con la cual, el Papa se afirma como vicario de Cristo, arbitro de todos los gobiernos terrenos. En este espacio de tiempo, aconteció la cuarta cruzada para recuperar los Santos lugares del dominio de los musulmanes, la cruzada contra los herejes cristianos y el surgir de nuevas órdenes religiosas.
A nivel social, se vivían transformaciones que marcaron un nuevo rumbo de la historia. La clase burguesa comenzó a escalar económicamente, ganando terreno a los nobles propietarios y poderosos señores feudales. Las marcadas brechas sociales hacían a unos mayores, acomodados nobles o burgueses mercaderes, a otros menores, pobres, campesinos, artesanos, sin tierras.
El Evangelio entraba en contradicción con la situación social, política y religiosa. Los principios de justicia, paz, amor, fraternidad, pobreza, escaseaban; lo cual originó el surgimiento de movimientos pauperísticos que motivados por el celo evangélico y deseos de reforma en la vida eclesial, terminaron en la exacerbada crítica y la herejía. Es en este contexto en que el Espíritu suscita un joven burgués que lee la situación histórica teniendo como suelo vital el Evangelio, llegando a convertirse en autentico discípulo del Señor, gran profeta cristiano de su tiempo y del nuestro.
Penitente por gracia de Dios:
Francisco nació en la ciudad de Asís, Italia; el año 1181-2, en el seno de una acaudalada familia burguesa. Según las antiguas biografías, era dado a las vanidades y frivolidades del siglo (cf. 1C. 1). Pero en la vida de este inquieto joven, sucedió un radical cambio, acontecido por la fuerza que viene de la escucha atenta del Señor en las Sagradas Escrituras.
Cuando a la observación de la realidad se sigue un juicio evangélico, lo que surge es el cuestionamiento personal en primera instancia y no la critica desmedida. En la vida de Francisco se puede evidenciar tal movimiento. Observa la situación histórica, juzga lo que ve y como don de Dios, él comienza el camino de penitencia (cf. Test. 1). Antes de pretender cambiar el mundo y las corrompidas instituciones, reconoce como regalo de Dios para sí mismo el camino de la conversión personal. Al emprender dicho camino, le viene como anejos a la penitencia el practicar la misericordia y tornar en dulzura lo que le causaba repugnancia, el trato con los excluidos, los menores (cf. Test. 2-3).
En la Iglesia:

Lejos de renegar de la Iglesia que descuidaba su relacionalidad con Cristo para ocuparse de asuntos temporales, Francisco descubre en ella el campo de misión, donde debe trabajar en la restauración que le pide el Señor glorificado en la Cruz de San Damián. El encuentro con Cristo, Palabra encarnada, le hace reconocer a la Iglesia como casa del Logos y del Pan. Es decir, en ella encuentra como en un tabernáculo las santas Palabras y la Eucaristía. En sus ministros descubre administradores de espíritu y vida (cf. Test. 13). Por eso no abandona la casa, sino que dedica todo su ser a poner orden y decoro a la misma; por lo cual quiere ir por el mundo a embellecer los lugares donde se reserva el Pan eucarístico y a custodiar con dignidad las santas palabras escritas (cf. Test. 4-12).
En fraternidad y pobreza:
El Evangelio ofrecido al mundo como proyecto de vida, es asumido con radicalidad por Francisco. Éste no es un proyecto para vivir en solitario, razón por la que, al don de la penitencia en la Iglesia, el Señor le da hermanos y con ellos la iluminación perfecta de lo que ha de vivir, lo cual hará poner por escrito como Regla para los Menores (cf. Test. 14-15).

Quien llegara a la fraternidad, entraba en el Evangelio, el cual más que exigir, dona la libertad de las cosas temporales. Así lo vivió Francisco y, quien abrazaba su religión no podía poseer como suyo algo. Él vivió del trabajo y del trabajo deben vivir los que llegan a la Orden (cf. Test. 16-22).
Mensajero de paz:
A los dos regalos de Dios para Francisco (penitencia y fraternidad), se suma la revelación para todos los hermanos de que “dijésemos este saludo: el Señor te de la paz” (Test. 23). Con esto se explicita lo que es la vida y misión de la Orden: un camino de conversión a Cristo el Señor, en fraternal unidad (Ecclesia) para ser signo de paz en el mundo agobiado por odios y crueldad.
El 4 de octubre de 1226, dos años después de haber recibido en su cuerpo las marcas de la pasión de Cristo, que ya se habían ido grabando en su corazón al comenzar a hacer penitencia, acompañado de los hermanos que Dios le regaló, el bienaventurado Francisco alcanzó la paz extática, esa que siempre anuncio de palabra y de obra (cf. Prólogo Itinerario).
Sus hermanos hoy:
Diseminados por todo el mundo, diversificados en muchas ramas, los hermanos de San Francisco de Asís, no podemos contentarnos con narrar la gloria de los hermanos que han asumido en verdad el proyecto evangélico que nos legó nuestro Seráfico Padre (cf. Adm. 6). El tesoro de la Orden de Menores ha aportado mucho al mundo y tiene mucho más para ofrecer, pues es Evangelio puro. Por eso, ánimo hermanos, poco o nada hemos hecho, mientras tengamos tiempo obremos el Bien.
Fr. Sidifredo OFMConv. 

Obra (en proceso) de Fr. Julián Santamaria OFMConv.


jueves, 28 de julio de 2011

PENITENTES, MISERICORDIOSOS, DÓCILES AL ESPÍRITU DEL SEÑOR


San Francisco pidió luz para su propio corazón envuelto en tinieblas. pidió luz para concerse y para liberarse de sus complejos y así poder ser más humano y ayudar a los otros. Desde su pobreza como criatura y como ser humano frágil sintió la necesidad del Señor y desde el Señor entendió su pobreza. el encuentro con Jesucristo fue lo que realmente le permitió iniciar un proceso de conversión serio y así salió del siglo.

En el Testamento Francisco dice: "El Señor me dio de esta manera a mí, el hermano Francisco, el comenzar a hacer penitencia" (Tes.1). La forma de vida evangélica la entendía como hacer penitencia y ello le implicaba nacer de nuevo y no simplemente una renovación de la vida: le implicaba una nueva forma de existir y de actuar y es por este motivo que el mismo Francisco afirma que fue el Señor quien le otorgó la gracia de poder hacer penitencia. La gracia misma del Señor lo condujo al leproso con quien practicó la misericordia y así constató el cambio en su corazón o en su ser. La vida de Francisco es una llamada a la conversión.


Practicar la misericordia: El Señor condujo a Francisco al encuentro con el leproso y allí descubre el rostro desfigurado de Jesucristo en el pobre, en la degradación humana. La misericordia que practicó Francisco es la misericordia con el menos favorecido. Practicar la misericordia no es otra cosa que entregarnos al amor y el servicio, actuar como el Buen Samaritano con el herido del camino.
A menudo afirmamos con tanta elocuencia nuestro ser Menores, y la forma en que la minoridad califica nuestra misión y nuestra vida fraterna. Se afirma que ser menores no es una clase sino una condición como la de Cristo: un encarnarse en la realidad, hallarse bien al lado de los menos favorecidos o los pobres y necesitados, estar sometidos a todos y desempeñar el oficio de lavar los pies como expresión de servicio cualitativo.


La misericordia y el servicio nos permite salir de nosotros mismos e ir al encuentro del otro, porque la vida evangélica y penitente del Hermano Menor Conventual le exige implicarse y complicarse con el otro. Hoy, necesariamente, se debe entender el seguimiento de Jesucristo tras la s huellas de Francisco, no como ascenso sino como descenso, no como gloria sino como actitud kenótica, no es de centro sino de frontera, no es ganancia sino pérdida. Hoy, debemos ser menores, sirviendo, pobres, entregados y libres, despojados de nosotros mismos. El verdadero encuentro con el Crucificado se da a través de los nuevos leprosos de nuestra historia.


Debemos abrir de para en par las puertas de nuestro ser al Espíritu del Señor, para convertir nuestra existencia en fuente viva de donde brote el Evangelio de Jesucristo. Debemos perseverar en la doscilidad al Espíritu sino corremos el peligro de convertirnos en hombres de iglesia y trabajar para el Señor pero sin él.


Fr. Rafael Garavito OFMConv.

Custodio Provincial de Colombia

viernes, 18 de marzo de 2011

MISIÓN CONTINENTAL

LA IGLESIA DE COLOMBIA EN MISIÓN

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“La convocatoria de Aparecida a llevar a cabo una Misión Continental va aparejada de la renovación y de la conversión pastoral… «Ésta firme decisión misionera debe impregnar todas las estructuras y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y cualquier institución de la Iglesia. Ninguna comunidad debe excusarse de entrar decididamente, con todas sus fuerzas, en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe». (DA 366).

“La Misión Continental es una opción misionera que pretende renovar la comunidad eclesial en su conjunto, para que todos los bautizados, convertidos en discípulos misioneros sean capaces de dar testimonio de la Buena Noticia en nuestro mundo de hoy”. (Itinerario de la Misión, Celam, pág. 8) “Cuando hablamos de Misión Continental nos referimos a un proceso misionero, que puede tener varios años de duración y que, a partir de un encuentro personal y comunitario con el Señor Jesús, se propone poner a toda la Iglesia y a todos en la Iglesia en un estado permanente de misión.” (Ibid, pág. 12)

La Misión Continental es el llamado que hace Jesucristo a la Iglesia de América Latina y el Caribe para que, a partir de un encuentro personal y comunitario con Él, todos los bautizados asumamos nuestra condición de misioneros y seamos sus testigos llevando el Evangelio a todas las personas, especialmente a los pobres, a los que sufren y a los alejados.

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domingo, 20 de febrero de 2011

URGENTE NECESIDAD DE CONSTRUIR UNA SÓLIDA ESPIRITUALIDAD

EXPERIENCIA DEL SEÑOR EN LA VIDA PERSONAL:

Lo que caracteriza a un franciscano es el testimonio trasparente de la experiencia de Dios. Francisco, siempre abierto a la acción del Espíritu Santo, hizo de la contemplación el escenario natural del redescubrimiento de la vida cristiana y de la experiencia de Dios y supo comunicar a sus hermanos el gusto por la meditación de la Palabra, por el Cristo del Evangelio y el redescubrimiento del don y grandeza del Sumo Bien a través de las realidades creadas. Tenía la mente y el corazón dirigidos hacia el Señor. “no era un hombre orante sino todo él hecho oración”.
La vida espiritual de Francisco no es una doctrina aprendida, sino una experiencia de vida. Vivía muy pendiente de lo que el Señor había hecho y de lo que continuaba haciendo en él. Su preocupación era conocer la voluntad de Dios sobre él y su designio de amor salvífico. Hoy es urgente construirse espiritualmente, madurar y construir una sana espiritualidad, y una intensa experiencia contemplativa.

Sin una sólida espiritualidad no se puede vivir como franciscano, no se puede propiciar una experiencia fascinante y atractiva del Dios vivo y, tampoco se puede resistir o hacer frente a las problemáticas de la sociedad contemporánea. Necesitamos ser hombres de una fe radical. La falta de radicalidad en la fe esteriliza nuestra consagración, nuestra misión y nuestra realización personal. El fraile sin fe radical, no se sumerge en el misterio de Dios sino en el misterio de una crisis inacabable. Es un reto construirnos y madurar espiritualmente, porque de lo contrario, no estaremos capacitados para afrontar la agresividad del mundo y del ambiente en el cual vivimos y nos movemos. Jesucristo, como en Francisco, ha de ser el centro totalizador de nuestra existencia.

Es usual encontrar en los escritos del Seráfico Padre expresiones como: “el Señor me reveló… el Señor me dio… el Señor me condujo… el Señor me inspiró…” En la revelación del Dios que es salvación para todo el que cree, el Señor es el gran dador y él mismo se dona. Su máxima entrega y donación acontece con el envío, encarnación, muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo. La historia de Francisco es una historia suscitada, dirigida y acompañada por el Señor. Es una vida llena de presencia del Señor. De ahí que la historia de un Hermano Menor Conventual ha de tener siempre como guía al Señor.

Fr. Rafael Garavito OFMConv. (Custodio provincial de Colombia) I parte